2012(e)ko azaroaren 3(a), larunbata

El euskera arcaico

La denominación de euskera arcaico se corresponde con la lengua testimoniada por las diferentes inscripciones vasconas encontradas en territorio aquitano y vascón hasta el siglo III d. C. Al euskera hablado anteriormente se le denominaría protoeuskera, siendo un idioma que en principio sólo podría ser reconstruido teóricamente, y al posterior, euskera común, medieval, clásico, moderno o batua, dependiendo de la época a la que se haga referencia. Esta clasificación está basada en el libro El euskera arcaico de Luis Núñez Astrain al que con frecuencia haré alusión.

La tipología del euskera no se asemeja en nada a la de todos los demás idiomas de su entorno. En Europa todos los idiomas son indoeuropeos. Lo que quiere decir que provinieron de Asia entre el segundo y el primer milenio a. C. y que tienen, por lo tanto, una afinidad con el sánscrito, la antigua lengua sagrada de la India. Las únicas excepciones europeas actuales a este hecho son el euskera, el finés y las lenguas caucásicas.

Los vascones

Una vez identificados y situados los originarios barskunes en el abigarrado universo tribal que suponía el territorio pirenaico occidental, voy a pasar a describir el papel que desempeñaron los vascones en el espacio romano, una vez que estos ya se encontraron totalmente asentados en la península. Pasemos a narrar sus andanzas y enumerar los rastros que dejó su lengua, el euskera, en los acontecimientos que tuvieron lugar en época romana.
El Ebro era la vía natural por la que habrían de ascender los romanos hasta la tierra de los vascones. Los ilergetes ibéricos eran entonces el pueblo que se hacían valer como guardianes de esta vía. Pero estos fueron derrotados en el 205 a. C. en una batalla en la que fallecieron Indíbil y Mandonio, sus dos grandes caudillos. Los romanos continuaron ascendiendo por los desfiladeros naturales, hasta alcanzar la ciudad de Jaca en el 195 a. C. Con la ayuda de suesetanos y sedetanos, pueblos cercanos que hasta entonces se habían mantenido como “socii populi romani”, Catón conquistó y derrotó a los jacetanos. Pocos pueblos hubo en la península que disfrutaron del honor de ser denominados con el calificativo de “socios del pueblo romano”. A pesar de ello, se debieron de torcer las cosas para estos dos pueblos, porque poco después la situación cambió, los romanos arrasaron Corbio, principal ciudad suesetana, y fueron derrotados y vendidos como esclavos. Pueblos, ciudades y etnias desaparecieron de la historia para siempre. No sucedió así con los vascones, que entonces no se nombraron durante estas luchas de conquista, pero que, sin embargo, Ptolomeo los sitúa como valedores de la ciudad de Iacca y Segia (Ejea de los Caballeros) en su “Guía geográfica” del siglo I d. C.

2012(e)ko azaroaren 2(a), ostirala

Las comunidades indígenas

Antes de comenzar a hablar de los vascones me ha parecido conveniente hacer un repaso sobre el modo de vida de las comunidades indígenas que habitaron Navarra durante el largo periodo del Neolítico, la Edad de Bronce y la Edad de Hierro.
Con el concepto de “comunidades indígenas” se pretende designar a las poblaciones que ocuparon el hábitat navarro durante la etapa anterior a la llegada de las primeras legiones romanas hacia el siglo II a. C. Hay quien duda de que estas poblaciones pudieran ser los antecesores directos de los vascones. De todas formas, no hubiera sido acertado utilizar esta denominación ya que estos no irrumpen en la Historia hasta el año 75 a. C., cuando se les cita por primera vez en un episodio de la guerra entre Sertorio y Pompeyo. Estos vascones conformarían, durante la dominación romana, una etnia de idiosincrasia propia que acabó, como todas las demás, engullida por la personalidad asfixiante que ejercía la autoridad romana. Ante la apabullante superioridad tecnológica, cultural y organizativa del mundo romano la historiografía tradicional nos ha representado a estos grupos indígenas, ya fueran vascones o no, como un conglomerado de colectividades desorganizadas y culturalmente retrasadas. Sin embargo, si estudiamos a las comunidades indígenas predecesoras en un contexto de soberanía, al margen de todo lo que ocurrió con la llegada de sistema administrativo romano, la lectura que extraemos es otra muy distinta.